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118 - Melancholia (Lars von Trier)


Sinopsis

Justine (Kirsten Dunst) y Michael (Alexander Skarsgård) celebran su boda con una suntuosa fiesta en casa de su hermana (Charlotte Gainsbourg) y su cuñado (Kiefer Sutherland). Mientras tanto, el planeta Melancolía se dirige hacia la Tierra...

Crítica

“La película que Tarkovski hubiera querido hacer; conozcan la melancolía”

Maravillosa obra de arte del ya conocido por sus increíbles y emotivas obras, Lars von Trier. El film, va más allá de querer mostrar una historia de ciencia ficción, y usando esta como metáfora, ejerce de maestra de la melancolía, de cómo esta se ve desde dentro, y desde fuera de la persona; y esto lo hace de una forma genuina y perfecta. 

Me atrevería a decir que esta obra es una obra coral, algo así como una santísima Trinidad: el padre es Schopenhauer, el hijo es Wagner, y el espíritu santo Tarkovski. ¿Y por qué estos tres y no otros, si artistas pesimistas y melancólicos hay cientos?


*Schopenhauer, porque es el padre de la asimilación de nuestro papel en la tierra como inútil, y doloroso, marcando en su filosofía la diferencia por primera vez con otros autores, tras decir que no es el hombre el foco de la maldad humana, sino la tierra, porque, y ahora sí cito a Trier, “la tierra es cruel”.

*Wagner, porque sin él no habría “Melancholia”. No es imaginable con otra música, esta le va perfecta. Sorprende cómo la pieza tiene un carácter del todo contemporánea. Los grandes genios van siempre por delante. Hablando de la música, de camino exaltaré el papel del silencio en el film, junto con ese efecto de graves, procedentes del planeta que se acerca. Inquietante.


*Tarkovski, y este sí que requiere de mi atención. Hará unos años que un compañero de clase me habló de este director soviético como un profeta, como un Kubrick con mucho más contenido, y totalmente subjetivo aunque premeditado. Fue entonces cuando vi su última obra, “Sacrificio”, y entonces me aburrió y la quité. Con el tiempo la he llegado a saborear, y supongo que cuanto más viejo sea, más podré sacarle al film. Fue enontonces cuando mepuse su Solaris y su Espejo. Tarkovski me pareció toda una experiencia, y empecé entonces a considerarlo como uno de los pilares firmes del cine “metafísico”, entre “Bergman”, “Buñuel”, “Kiewloski” y “Kubrick”, y como el más influyente en dos de los directores más dotados actuales: “Trier” y “Malick”.

No quiero enfocar la crítica al ruso, pero es necesario mirar hacia atrás para conocer lo que tenemos. Pues bien, si el argumento ya me recordaba a Tarkovski, antes de ver el film, cuál fue mi sorpresa al encontrarme en la intro de Melancholia la famosa imagen de su obra maestra “Solaris”: “Los cazadores en la nieve”, de Brueghel el viejo. Con este gesto de Trier ya anticipé el carácter que tendría el film, y de qué forma tan acertada enfocaría la melancolía. 


Otra apreciación bastante singular es que esta película junto con la de Malick, “El árbol de la vida”, estaban juntas en el Festival de Cannes en competición por la Palma de Oro. Es curioso, ya que ambos films son el reflejo opuesto del otro, y al ser opuestas se atraen, y rozan un parecido asombroso. Sin embargo, yo veo totalmente injusto que la palma se la llevara Malick, cuando Melancholia es mucho más fuerte, mejor construída, y apta para todas las interpretaciones del público, desde el más inocente hasta el que se tiene por erudito. Sin embargo, en el árbol de Malick sobra mucho, y falta otro tanto de orden y equilibrio en la reflexión. 

La cara triste de la moneda, pero real y no enfundada: Melancolía.
La cara esperanzadora del chelín, pero confusa y nada demostrable: El árbol de la vida


Centrándome ahora sí de pleno en la película, quisiera resaltar el esfuerzo creativo y de montaje de Trier, para conseguir naturalizarnos ambas dos realidades opuestas; la primera parte del film, con un toque de comedia sublime, en la que la figura de la melancólica no se entiende desde el enfoque del “hombre social algo más alejado de la reflexión”, y en la cual vemos a Kirsten como a una extraña, intentando analizar el porqué de su tristeza, cuando simplemente no lo hay. Para mí esta primera parte simboliza la “representación” de Schopenhauer, el mundo que no existe, que es sólo la percepción empírica basada el principio de causalidad.

Por el contrario, en la segunda parte del film nos adentramos en “la cosa en sí” de Kant, en la voluntad de “Schopenhauer”… salimos por decirlo de alguna manera de la “caverna” de Platón, y nos encontramos con lo que el hombre es en realidad, nada. Está solo, y tiene que aprender a aceptarlo, como Justine bien hace, aunque no esté de acuerdo en su tono a veces, demasiado frío, cuando frialdad y melancolía no debieran siempre ir de la mano.

Terminaré esta larga crítica nombrando algunas de los detalles que serían buenos conocer de antemano para disfrutar más del film. 


Por un lado (pese a los comentarios en la rueda de prensa por parte de director, a los cuales no me remitiré por no entrar en el juego de la polémica que tanto le gusta) la inclusión de la estrella de David en el globo, y el comentario de Kirsten hacia el pastel de “carne”, que dice sabe a “ceniza”, hacen un guiño por un lado al mundo frágil de las religiones, y por otro al holocausto. 

También encontramos símbolos perdidos y frases igualmente confusas cuando hacen referencia a los 18 hoyos de un campo de golf, y al principio se enfoca a Charlotte corriendo junto al núm. 19.

Por otro lado, es necesario saber que el rol protagonista de Justine fue creado (y por ende casi al película) para Penélope Cruz, la cual dijo que no por rodar “Piratas del Caribe”… Estas son cosas, señores, de las que me avergüenzo.


Y sí, si se preguntan si hay algo negativo en la película, les diré que sí; Para mí, la ambientación… es preciosa, lo sé, pero estoy un poco cansado de las representaciones burguesas… encontrar la belleza en la simpleza es también todo un arte, y no siempre el alma burguesa es la más corrompida; cualquier hogar tiene sus más y sus menos, su reflejo proporcionado del mundo. 

Así pues, vayan al cine, antes de que la quiten, porque, como el Árbol de la Vida, merece la pena que estas metafísicas del séptimo arte te envuelvan en sonido, luz, y tranquilidad. 

David Uclés

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