Enero es... Almodóvar

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93 - Deseando amar (Wong Kar-Wai)



Sinopsis
Hong Kong, 1962. Chow, redactor jefe de un diario local, se muda con su mujer a un edificio habitado principalmente por gentes de Shanghai. Allí conoce a Li-zhen, una joven que acaba de instalarse en el mismo edificio con su esposo. Ella es secretaria de una empresa de exportación y su marido está continuamente de viaje de negocios. Como la mujer de Chow también está casi siempre fuera de casa, Li-zhen y Chow pasan cada vez más tiempo juntos y se hacen muy amigos. Un día, ambos descubrirán que sus respectivos cónyuges los están traicionando.

Crítica

Bellos puentes de Madison hongkoneses, bella y triste historia de amor. Seguramente admirada por Almodóvar, ovacionada por el colorido Fassbinder, y respetada por Murakami o incluso Rubén Darío. Así lo veo yo, y me imagino estar rodeado en el cine de todos ellos, románticos y dramáticos, vividores.

La película pertenece a una trilogía de partes independientes, pues no necesariamente se han de ver las tres para comprender una. Lo único que data en ambas es la lucha por el amor, por un sentimiento que se escapa en rebelión a lo anhelado, que sangra, duele, aunque es bonito en su forma y final. La primera parte es “Días salvajes”, esta es su segunda, y la tercera “2046”, en la que Tony Leung repetirá como actor principal, con el mismo rol, y donde la ciencia ficción se entremezcla con los años 60 de “Deseando amar”. 


 Si sois ustedes cinéfilos observadores, veréis que la habitación del motel (este con toques lynchianos en su decoración, con ese largo pasillo de cortinas rojas, y los efectos de congelar una diapositiva siempre que alguien entra en la planta) responde al número 2046.  

Respecto a las interpretaciones:

-Tony Leung, actor fetiche de Kar-wai, el cual dejó a todo el público homosexual enamorado y heterosexual encantado en  “Happy Together”, repite con el director,  con un temple en su mirada que denota que la espera, aún pudiendo ser dura, habrá de ser, puesto que está calado de amor. Es magnífico su papel, y, supongo que no sólo por este, sino por su trayectoria con Kar-Wai, fue ganador del premio al mejor actor en Cannes. Por cierto, me recuerda su rostro bastante al de Obama, con su mirada de contemplación tras ese ojo un tanto cuco.

 
-Maggie Cheung, quien no deja de llevar el cuello alto (que tan bien le queda) en la hora y media de metraje, sabe cómo controlar al personaje, y al amor que desbordaría lo que ha de ser de un modo, y no de otro.

La película toda, además de mostrar una perfecta historia imperfecta, hace que el espectador de occidente se acerque a la cultura y belleza oriental; así como Almodóvar con su Volver consiguió llevar al mundo entero parte de nuestra España profunda, Kar-Wai consigue contagiarme de un gran amor por la decoración oriental. Además de maravillarme con las últimas escenas en el templo de Camboya de Angkor Wat.

Y es que dichos paisajes no serían nada sin las manos y el arte de su creador, quien emplea una técnica limpia y original (en fusión con una banda sonora mitad-hispánica perfecta, con el tema de Yujemi, de Shigeru Umebayashi como principal, y los temas de Nat King Cole "Quizás, quizás, quizás" y "Aquellos ojos verdes". 


Me encanta su técnica; cómo la cámara recoge la acción desde la esquina menos pensada, desde el encuadre más complicado y laborioso, sin tener que enfocar todo. De esto me encanta que no enfoque en ningún momento el rostro de la otra parte de ambos matrimonios, solo sus espaldas y voces. Escenas cortas en contraste con planos alargados; cámara lenta, congelación de fotogramas, y superposición de escenas que, aunque ocurrieron en el mismo lugar, no en el mismo momento (lo cual podemos inferirlo con los vestidos de la protagonista), hacen de este film un producto arriesgado para su estreno, y fructífero en el desarrollo técnico del director.

No duden en verla, merece la pena, es otro cantar… aprendan de esta el mito del árbol, disfruten con la belleza y el simbolismo que acarrea el crecimiento de la mata del agujero, y analicen el film respecto a este parafraseo mío de Leung:

“el pasado es algo que no se puede tocar, sí ver”

David Uclés

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