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92 - El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante (Peter Greenaway)

 
Sinopsis

Albert es el sádico dueño de un restaurante. Su fuerte carácter y las tiránicas formas que aplica en el trabajo hacen que todos los empleados estén sometidos a un continuo régimen de esclavitud, incluida su esposa, Giorgina, a quien ridiculiza. La película sólo fue galardonada en Sitges, lo cual aumenta el prestigio de este festival, donde además ganó tres premios.

Crítica

¿os imagináis una película original, fresca, verosímil dentro de los límites de la locura, en la que cada escena es un mundo, y en donde actores y decorados se entremezclan en un gran experimento que mezcla poesía, literatura, arquitectura, pintura, danza, música y escultura?

Nos encontramos ante una obra grotesca, de unas magnitudes visuales complejas y conseguidas, entre el Saló de Pasolini y la Gran Comilona de Ferreri.


Romántica, sarcástica, dramática, inteligente, negra, gore (escena de las hojas de los libros con la sangre), divertida y nada regular, pese a lo difícil de entremezclar tanto. Greenaway dice hacer cine para innovar, para encontrar una nueva forma de comprometer a los sentidos, no sólo visualmente; y es que este film casi se llega a oler, a sufrir, y a sentir.
 
El director toma la historia de una venganza, de una semi-tragedia, ambientando la escena con toques del siglo XVII, XVIII, y de la sociedad burocrática misma de Sissi emperatriz o de los teatros jacobinos: la historia de un hombre loco (probablemente por no poder dar rienda a su virilidad al ser su esposa infértil) que somete a servidumbre a todo aquel que le rodea, ya sea sus trabajadores (quienes ansían rebelarse), su mujer (quien clama venganza), sus clientes (a quienes no trata con demasiada cortesía, en un caso incluso clavándole un tenedor en la cara a una de sus invitadas)…e incluso a sí mismo, atormentándose continuamente. Y todo ello salpimentado con un toque de canibalismo que hace que el humor negro flote a superficie.

 
El primer punto que me gustaría tratar de esta película es el que más me llamó la atención: el vestuario, decorado, y por ende, el color, ya que desde la más insignificante cofia de monja, hasta la mayor obra pictórica del film, todo ello está sumamente medido.
 
Sin apenas describiros algún traje, con nombrar a Gaultier como encargado de los ropajes creo que es suficiente. El diseñador que ya colaborara con anterioridad en películas como “La ciudad de los niños perdidos” (Jeunet), “El quinto elemento”, en el traje de Elena Anaya en “La Piel que habito”, o en el traje de Andrea Caracortada (Victoria Abril) en “Kika”, lo hizo en esta también, colmando de elegancia a Helen, desde su tocado a lo Elvis hasta su último vestido de redecilla, a modo nupcial. Carisma y arte unidos bajo la aguja y el glamour (normalmente odio este palabro, pero lo veo acertado en una realidad del séptimo arte, que no en la vida real, donde somos todos de barro).


Y es que aún recuerdo los colores de cada habitación, pues cada habitación tiene un color predominante: ese blanco inodoro, verde cocinero, rojo burgués, azul suburbio. Para explicaros mejor cómo Greenaway juega con los colores, diré que el salón es rojo, y todos los objetos que en él se encuentran (quasi todos) también lo son; así como los cigarros, escotes, tapicerías, cuadros, bordados, gorros, atuendos y demás. Y yendo algo más lejos, me atrevería incluso a relacionar el rojo del salón con la abstracción del poder y lo burgués; el blanco del baño con lo puro y la inocencia de los actos; el verde de los “esclavizados” con la pureza de las almas nobles y la humildad y sencillez natural…
 
Respecto a los decorados, de techos altos y de tono teatral, destaco la biblioteca, la cual me recordara a la de Borges en su magnitud; y las grandes puertas, portentosas construcciones que al abrirse regalan un ruido potente y magnánimo, el cual se agudiza con los ecos de las voces de los personajes, creando una atmósfera melodramática puramente teatral.


Por otro lado, de necios seria medir la idiosincrasia del film (personificándolo) sin tener en cuenta la fuerza y el papel de la banda sonora, por Michael Nyman. Genial. Aquel que pusiera música a “El Piano”, o al documental “Man on Wire” (donde por cierto repite temas de esta película) borda su función, y transmite en una metástasis para con la imagen. Negativo; el parecido del tema principal “Memorial” con la sinfonía de invierno de las cuatro estaciones de Vivaldi. El principio de esta última es igual a todo el tema, y quisiera Nyman hacerlo adrede o no, me resulta incómodo, pues me hacer irme con la de Vivaldi, esperando una continuación que nunca llega.

La canción del joven cocinero, y el que la cante en medio de la actuación me sobrepasó. Genial. ¿Y las interpretaciones? Dos de ellas destacables:

Michael Gambon: Actor que ya abarca 5 décadas, quien empeñó parte de su juventud y madurez en el teatro (El rey Lear), y a quien últimamente vimos en el bondadoso mago de Harry Potter, Dumbledore, tiene aquí su papel protagonista, su ópera magna: el cocinero que enloquece (marido del personaje de Helen). Su interpretación doblada carece de fuerza.


Helen Mirren: ¿qué bien se conserva, no? La encuentro genial, nada pudorosa, totalmente desenvuelta y ágil. Ella es la venganza misma, quien tras ese muro de subordinación y tristeza oculta otra esfera de amor, pasión, y desenfreno.

Total, el octavo arte; el resultado de mezclar todas las artes sobre el séptimo… Greenaway me convenció, de alguna manera llegó a enamorarme, y me dejó con pequeñas escenas que quedarán en mi frágil recuerdo, y espero en el vuestro también…


 Y recordaré al niño cantando…

…a los amantes sin hablar…
…a los platos rompiéndose en mil añicos…
…el gran cuadro presencial del salón…
…el tenedor clavado en la cara de la burguesa…
…el hedor que me transmitió los camiones putrefactos…

…EL COCINERO, EL LADRÓN, SU MUJER Y SU AMANTE. 

David Uclés 

6 comentarios:

  1. Ya te dije que te encantaría, me alegro de habértela recomendado. Lo que tenía más delito, que siendo tan amante del cine no hubieras visto esta obra maestra.

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  2. Es una obra de arte se mire por donde se mire. Arte , sin mas.
    En cuanto a Nyman nada que añadir La pieza Memorial me lleva irremisiblemente al Invierno de Vivaldi.Me gusta esa sensación.

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  3. gran chorrada de película

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  5. Tardé un montón en poder hablar de ella. Yo era muy jovencita y me dejó descolocó.

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