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82 - Solaris (Andréi Tarkovski)


Sinopsis

Un científico es enviado a la estación espacial de un remoto planeta cubierto de agua para investigar la misteriosa muerte de un médico. Adaptación del clásico de ciencia-ficción del escritor polaco Stanislaw Lem.

Crítica

Antes de comenzar, ni que decir tiene que esta película es la del 1972, la que el director ruso hizo del libro polaco, haciéndoos olvidar la absurda idea de haber visto la versión “made in Hollywood” con el tontísimo-pésimo actor Clooney, del 2002, la cual sólo con el tráiler me indujo al repudio.


Tarkovski, a veces más parecido a una obra de teatro que a una película, cuyas secuencias son largas, llenas de silencio, o de diálogos existencialistas, parece como si en cada uno de sus actores elegidos buscara su propio rostro de consternación frente a la amargura del no entendimiento de lo que vendrá, o frente al simple hecho de que todo es triste, y sin sentido.

En este caso se centra en el amor, modificando sus arquetipos, y llevándolo a un gran absurdo, en condiciones que en la vida real no sería posible.

A veces me aburre; soberanamente. Si ya critiqué los 30 minutos de monos de Kubrick, criticaré ahora la “parsimonia” notoria con la que el ruso alarga la escena de un paisaje, con música dramática de fondo, haciendo poner en tensión al espectador frente a un acontecimiento del todo normal; por ejemplo, los 5 minutos grabando tráfico de coches, los otros muchos al comienzo grabando la naturaleza, y en conjunto casi la cuarta parte a modo "documental" de las 3 largas horas que suma el film.


Sin embargo, que se cuele en la duración del metraje no significa que este carezca de belleza. Al contrario, la imagen en Solaris es pura, fría, estudiada y llamativa; atrae. A veces en blanco y negro, otras en color, o con filtro sepia.
Se crean imágenes bellísimas, interpretaciones perfectas (sobre todo la de la rusa-pocahontas), y miradas/rostros llenos de frialdad que contagian al espectador.
Mucho misterio al comienzo, y simbolismo, y un problema a aclarar filosóficamente debatido entre los protagonistas sobre lo que/por qué ocurre.

Uno de los rasgos de Tarkovski que más admiro es su capacidad para no decir algo cuando no debiera, es decir, los silencios entre las personas. No hay conversaciones absurdas, saludos ostentosos, ni muletillas en los diálogos. Esto confiere una sensación de realismo, facilitando la entrada del espectador (catarsis) hacia la historia.

Sobre la banda sonora, sabe poner en tensión. La mayoría de las veces se trata de notas prolongadas y de acordes en menor que crean dramatismo y concentración.


A modo de anécdota para la cultura hispánica, en el momento 1 hora y 59 minutos, se hace referencia a un pasaje de un libro, el Quijote, enfocando la cámara incluso uno de los grabados sobre el caballero y su escudero de dicha edición. Todo un honor para nosotros.

Y sobre el argumento, no sé qué responder a la gran pregunta: ¿de verdad sienten los seres de “neutrones”, o solamente es un papel para, mediante la debilidad del ser, permitir que no den ordenes de seguir experimentando o de destruir los océanos? En cualquier caso, lo que de verdad sabemos es la reacción humana, y esa sí que llega a sentir amor, aun sabiendo que probablemente se trate de un amor 100% falso.

Por cierto, brillante el comienzo, lo cual después de las casi 3 horas ya ni recordaba, cuando los científicos juzgan o intentan comprender el comportamiento del que volviera bastante afectado de la base espacial.


David Uclés


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